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elarcodefrain

27 Junio 2006

DOCTRINA

DOCTRINA "NACIONAL CRISTIANA"

En los artículos iremos desarrollando los planteamientos de nuestra Doctrina. Es nuestra intención que el lenguaje, y el tratamiento de los temas sea claro, directo y dirigido a todo público. Esta es una página de Doctrina, no de otra cosa.

También reproduciremos artículos doctrinarios de fuentes históricas, que permitirán a los lectores comprender cabalmente la Doctrina NacionalCristiana.

Para nuestro Movimiento, Doctrina no es lo mismo que Ideología.

Doctrina es la ideología puesta en práctica, llevada a los hechos y contrastada con la realidad.

Doctrina es la enseñanza que se obtiene cuando sometemos nuestras ideas al examen de la historia, y a la prueba de los hechos que la escriben.

Bienvenidos entonces a la Doctrina NacionalCristiana.

1. AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS.
Basados en el principio Dios, Patria, Familia el nacionalcristianismo hunde sus raíces en la doctrina bíblica así como en la sana práctica de la Fe cristiana.
El amor a Dios involucra el amor al prójimo por eso que el N.C. propende a que el bienestar de la comunidad esté por encima del interés individual.

2. ORDEN MORAL.
El nacionalcristianismo se opone frontalmente a la legalización del aborto, a la manipulación genética, a la legalización de las drogas sea cual fuere su naturaleza, a la venta indiscriminada de pornografía, a la homosexualidad por considerarla opuesta a los principios establecidos por Dios, así como contra todas las costumbres que colisionen con la voluntad divina.

3. AMOR A LA NACIÓN PERUANA.
La nacionalidad es la continuidad histórica de los pueblos que desde sus orígenes se proyecta en los hijos de sus hijos donde antepasados , presentes y nuestra futura generación conforman la nación peruana, por lo tanto el respeto a nuestros antepasados, a las tradiciones correctas, a la cultura edificante, el amor a nuestros connacionales, el pensar primero en que podemos darle a nuestra patria y el trabajar pensando en el futuro deberán de ser las tareas principales en el nacionalcristianismo.

4. LA RIQUEZA DE UN PUEBLO N.C. SE BASA EN EL TRABAJO.
"Si no trabaja, que no coma" dijo nuestro Señor Jesucristo. El nacionalcristinismo, afirma que el desarrollo de los pueblos es en base al trabajo tal como nos lo legaron nuestros sabios antepasados del tawantinsuyo donde no se conocía moneda alguna pero con trabajo, dedicación y esfuerzo crearon el más fabuloso imperio de América.

5. ES ANTILIBERAL
Como se sabe el liberalismo es consecuencia del patrón del oro y en su accionar no respeta al ser humano al ser egoísta en su concepción económica degradando los valores de la persona colocándolo como mero instrumento de producción. En consecuencia toda ideología que anteponga el patrón oro al trabajo no es nacionalista.

6. ES ANTICOMUNISTA.
Con la finalidad de crear una ideología que pueda combatir al catolicismo, el judaísmo elaboró una doctrina utópica donde le ofrecía a los pobres del mundo-entiéndase proletarios- el paraíso en la tierra. Gran parte de la población creyó ingenuamente en esos postulados, sin embargo y tras la caída del Muro de Berlín esta utopía se deshizo en mil pedazos. Recordemos que la teoría marxiana o marxista es totalmente de origen judío como el capitalismo y ambos en sus conceptos evitan colocar a Dios sobre todas las cosas.

7. RESPETO A TODOS LOS CREDOS.
El respeto a todos los credos que privilegien la experiencia personal de tener a Dios en su corazón ya sea de manera corporativa como de manera individual.
El N.C. se opone a aquellos credos y sectas que promueven conceptos antinacionales como la Nueva Era, el Nuevo Orden Mundial así como toda secta o agrupación que adore abiertamente lo anticristiano, en tal sentido el N.C. se opone abiertamente a la masonería como nefasta ideología y respeta a los masones en tanto personas invocándolos a reconvenir en sus preceptos.
Los agoreros, hechiceros, brujos, cartománticos, y todas aquellas tendencias que se ocupan de las ideologías espirituales contrarias al espíritu de Dios no tienen cabida en un estado nacionalcristiano

8. EL NACIONALCRISTINISMO COMBATE LA USURA.
La esclavitud del dinero ha sido y es el gran mal de todos los países en vías de desarrollo, los países estamos sometidos a la llamada deuda externa que se ha hecho para que NUNCA SEA PAGADA y así someter a los países a los designios de la banca judía que maneja el Fondo Monetario Internacional, en tal sentido el nacionalcristianismo recusa a la banca especulativa que solo gana dinero en base al interés que tiene que ser pagado por el pueblo peruano y promueve la banca de fomento vinculada a la industria, minería, agricultura así como promociona el principio de cooperativización tan suciamente atacado por ese sistema neoliberal. El N.C. afirma que el sistema financiero y la banca actual están practicando la usura, este sistema será combatido y será reemplazado por el sistema bancario antes dicho- nacional-, como consecuencia de esta acción, toda deuda adquirida por nuestros compatriotas así como de las empresas nacionales que tenga su origen en la usura será cancelada sin compensación alguna.

9. LA EDUCACIÓN DE LOS PUEBLOS: PRIMERA TAREA.
La adecuada remuneración de los profesores es la principal tarea del nacionalcristianismo en el campo educativo y solo se conseguirá MODIFICANDO EL PORCENTAJE QUE EL PRESUPUESTO GENERAL DE LA REPUBLICA OTORGA A EDUCACIÓN. El profesor es el motor del cambio. La educación debe de ser gratuita y no selectiva, todos tenemos derecho a recibir una educación edificante. El estado velará por la salud educativa de los niños prohibiendo el trabajo de los menores quienes tienen como deber el estudiar. El 70% de la producción televisiva será nacional y los directores de estos serán peruanos de nacimiento. Prohibición de toda influencia nociva extranjera en los medios de comunicación

10. COMBATE FRONTAL CONTRA LA CORRUPCIÓN.
"La ociosidad es madre de todos los vicios", y la corrupción es la madre de la pobreza de los pueblos. El nacionalcristianismo combate sin concesión a esta lacra que hurta los dineros que le pertenecen al pueblo buscando la riqueza personal.

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sola_scriptura

sola_scriptura dijo

Buenos dias, un saludo cordial, y que el señor te conceda Gracia y Paz;paso a referir lo siguiente entonces:

1.- Uds en primer lugar fueron un movimiento de carater social, que luego devino en un movimiento politico, bajo esa doctrina "Nacional Cristiana", que es una verdadera mezcolansa, los cristianos sabemos que politica y religion no se pueden mezclar, son como el agua y el aceite y referire en el punto 3 el porque?.

2.- Si bien uds promueven el texto biblico de jeremias 17:5 "Así dice el SEÑOR: Maldito el hombre que en el hombre confía, y hace de la carne su fortaleza, y del SEÑOR se aparta su corazón.".

Sin embargo uds estan haciendo un cuasi culto a la persona de Ricardo de Spirito, basta con oir sus programas radiales y/o reuniones donde de 100 palabras unas 80 estan dedicadas a Riicardo, hasta sus locutores radiales lo califican de imprescindible; si ud sigue correctamente los principios cristianos su mirada deberia estar fijada en Cristo nuestro salvador, El y solo El es infalible es imprescindible.

3.- A primera vista, podría parecer que la cuestión del nacionalismo como un asunto a tratar desde la óptica cristiana es algo reciente. En realidad, aparece desde el primer momento. El nacionalismo judío era muy fuerte en el tiempo en que Jesucristo vivió en Palestina, y su doctrina del Reino de los Cielos contrastaba mucho con esa visión nacionalista, lo que supuso un factor de resistencia a su doctrina. Más adelante, en los primeros pasos de la naciente Iglesia, se vislumbra que esa mentalidad hebrea es fuente de problemas. El episodio de la desatención de las viudas que suscitó una queja de los “helenistas” contra los “hebreos” (Hechos, 6, 1), aunque se resuelve con facilidad, ya deja entrever que no es difícil que el nacionalismo caiga en un exclusivismo para con los miembros de su nación que es fuente de injusticias.

San Pablo, en sus epístolas, no trata directamente la cuestión, aunque incluye algunas frases que ayudan a resolverla. Quizás la más interesante se encuentra en la Carta a los Filipenses: nosotros somos ciudadanos del cielo (3, 20). No se niega, claro está, la ciudadanía terrenal, pero se descarta cualquier intento de asumirla como un valor absoluto. Un poco más tarde, la Epístola a Diogneto –redactada a finales del siglo II o comienzos del siglo III-, aclara un poco más esta afirmación, al afirmar que los cristianos “viven en sus respectivas patrias pero como forasteros; participan en todo como ciudadanos pero lo soportan todo como extranjeros. Toda tierra extraña es su patria; y toda patria les resulta extraña” (V, 5). En la Edad Media, cuando Santo Tomás de Aquino se refiere a la patria –así, a secas- está hablando del cielo, en contraposición a la via, el camino, con que se refiere a esta vida.

Se podrá pensar que todo esto se refiere a problemas del pasado, distintos de los de hoy en día. Es verdad, pero sólo en parte y, en cualquier caso, sirve para distinguir unos principios que es necesario tener en cuenta para enfocar las cuestiones actuales con una mentalidad cristiana.

Los problemas más serios llegaron con el inicio de la Edad Moderna. Un factor de primer orden en la expansión y consolidación del protestantismo fue el afán de los soberanos de crear unas naciones homogéneas e independientes en todos los sentidos, incluido el religioso, lo que dio origen al establecimiento de iglesias nacionales; la Inglaterra de Enrique VIII es el ejemplo mejor conocido, pero no el único. Más tarde, en el siglo XIX, los principales nacionalismos emergentes, el alemán y el italiano, fueron hostiles a la Iglesia. En el siglo XX, lo fue también la funesta mezcla de socialismo y nacionalismo exacerbado que dio lugar a los nazis (mezcla que conviene no olvidar), pero a la vez ha habido nacionalismos que han contribuido a preservar la fe en momentos muy difíciles, como el polaco y el lituano. Éstos no han estado exentos de algunas expresiones exaltadas inconvenientes, pero en conjunto han sido más bien positivos. Por último, los recientes acontecimientos de los Balcanes, en el territorio de la antigua Yugoslavia, han puesto de manifiesto una vez más en qué barbaridades puede desembocar un nacionalismo sin freno. Todo este panorama pone de manifiesto que, si bien proporciona indicios de que puede existir un nacionalismo dentro de unos límites razonables, nos hallamos ante un fenómeno peligroso, que con facilidad puede desembocar en particularismos exacerbados que rechazan o tienden a rechazar todo lo que no es propiamente suyo. Y entre esto último está siempre la Iglesia Católica, precisamente por ser católica, universal, no sujeta ni circunscrita a una nación determinada. De ahí que tiendan bien a rechazarla, bien a desfigurarla convirtiéndola en una iglesia nacional.

La cuestión principal consiste, por tanto, en determinar qué es razonable y qué no en esta actitud de exaltación nacional llamada “nacionalismo”. O, si se prefiere, cuando repetidas veces el Papa ha rechazado el “nacionalismo extremista” y el reciente documento de los obispos españoles hace lo mismo con el “nacionalismo totalitario”, hay que intentar delimitar la línea a partir de la cual empieza lo extremista o lo totalitario.

El mencionado documento del episcopado español tiene por objeto el terrorismo, pero, aunque afirme que “no pretende ofrecer un juicio de valor sobre el nacionalismo en general” (n. 26), lo cierto es que posiblemente los párrafos más interesantes son los dedicados al mismo. Entre ellos destaca el criterio de legitimidad que da: la opción nacionalista, “para ser legítima debe mantenerse en los límites de la moral y de la justicia, y debe evitar un doble peligro: el primero, considerarse a sí misma como la única forma coherente de proponer el amor a la nación; el segundo, defender los propios valores nacionales excluyendo y menospreciando los de otras realidades nacionales o estatales” (n. 31). Se sale así al paso de un equívoco bastante difundido en la actualidad, que utiliza como criterio moral el de la violencia: admisible si no predica o favorece la violencia, inadmisible en caso contrario. Y no es la violencia el criterio: es la justicia.

Cada nacionalismo es peculiar, pero a la vez suele haber unas señas de identidad comunes. Con cierta frecuencia, surge ante una situación injusta, o al menos que se piensa como injusta. Alrededor de esa situación se va creando un ideal de nación independiente –en un sentido amplio: soberanía si no se tiene, soberanía plena si se piensa que la que se tiene está limitada desde fuera-. Ese ideal va acaparando las aspiraciones políticas, de forma que se convierte prácticamente en el único objetivo: todo lo demás se resolverá una vez alcanzado. Antes de alcanzar el poder, se busca aglutinar a todos los que comparten el ideal en la idea de conquistarlo, siendo por el momento secundarias cuestiones tan importantes como la política social de la futura nación soberana emergente. Si se logra conseguir el poder, entonces la tarea fundamental es la implantación del ideal, afianzar la nueva entidad dándole una cohesión todo lo homogénea que se pueda.

En realidad, las dos posibles situaciones –nacionalismo con poder o sin él-, dan lugar a problemas distintos, aunque conectados entre sí y con posibilidad de cierta mezcla. Sin el poder, la tentación es la de la violencia (aquí se emplea el término en el sentido físico), casi siempre con dos excusas: la represión sufrida, y el que no quede otra salida para conseguir la meta. Esta violencia, más pronto o más tarde, degenera en terrorismo, o al menos tiende a ello. La justificación que se le da viene a querer decir que es la guerra de los pobres, de quienes no tienen otros medios a su alcance. Es injustificable, pero no debe olvidarse que, bastante antes de llegar a ese extremo, ya había quedado en la cuneta el principio moral elemental según el cual el fin no justifica los medios.

En el poder, la cuestión gira alrededor de la proporción de población que no comparte el ideal nacionalista. Cuando es mínima, como en Polonia o Eslovenia, no hay grandes problemas. Pero no siempre es así: por mencionar dos países vecinos de los anteriores, en Lituania hay una fuerte minoría rusa, y en Bosnia... Aquí lo que se presenta como tentador para la joven nación independiente es imponer lo que piensa que son los rasgos culturales de la nación a todos. Lo habitual es no querer de entrada utilizar la violencia, sino la presión social, que se hace progresivamente más fuerte conforme más resistencia encuentra. En el peor de los casos, el grupo no integrado se siente oprimido, con lo que puede generar una reacción de signo contrario; si llega a emplear medios violentos, proporciona la excusa para responder con contundencia e incluso con medidas de violencia generalizadas.

¿Dónde se sitúa aquí el límite que no se debe traspasar? Pues sencillamente en la adopción de la primera medida en favor de esa pretendida construcción nacional que se sabe injusta –lesiva de derechos- para con individuos concretos. A partir de ese momento, se da paso a una espiral de injusticias difícil de parar. Si algún gobernante quiere limitarlas, se verá arrastrado por una corriente que ha contribuido a crear, y probablemente si no se deja llevar por ella se verá sustituido por otros sin tantos escrúpulos. Hay unos derechos subjetivos y un ámbito personal de libertad que es injusto lesionar aunque se haga en nombre del bien común, que aquí se transforma en “bien nacional”. En una palabra, la barrera moral se traspasa en el momento en que se acepta una discriminación injusta, por pequeña que sea o que parezca.

No es muy difícil, con una cabeza fría, llegar a esta conclusión. Pero el problema radica en que el nacionalismo suele tener una mayor carga emotiva que racional. No en vano su mayor impulso contemporáneo se lo proporcionó el romanticismo. Ese clima emocional, dado a la exaltación, propicia que se idealice la nación y se sueñe con una especie de Arcadia nacional que viene a coincidir con un paraíso nacionalista. Lo cual tarde o temprano acaba por chocar con la realidad. Y ésta incluye el hecho de que hay gente ajena a ese sueño. Para conseguir ese mundo feliz resulta que sobra gente. Gente que echa a perder el sueño. Quien se aferre a él, enseguida concluirá que esa gente debe acoplarse o irse. Si no puede o no quiere lo primero, que se vaya. Pero resulta que tampoco suele querer irse, de modo que ese “irse” se transforma en ser expulsado. Es la odiosa “limpieza étnica” (que no siempre, ni mucho menos, es propiamente étnica). Como no se desea llegar a ese extremo por la vía directa, o trae malas consecuencias en el ámbito internacional, el medio es una presión social discriminatoria que invite a marcharse a los indeseados. No hay expulsión, sencillamente se les va dejando sin sitio en la sociedad, con el mensaje implícito –a veces explícito- de que no se les quiere; al menos, no se les quiere “así”. Y el gran peligro que tiene el nacionalismo es que genera un clima de exaltación colectiva –mejor dicho, victimismo si no consigue la meta, exaltación si la logra- en el que sus exponentes se van deslizando poco a poco hasta dejarse absorber por el ideal, de forma que casi no perciben el momento en que han podido traspasar esa barrera ética que les sitúa dentro de lo injusto, aunque no carezcan de sensibilidad para rechazar lo propiamente violento.

¿Es pues aceptable un nacionalismo moderado que sea admisible para un cristiano? Por supuesto que sí, pero sin que en ningún caso signifique que sea “moderadamente injusto”. Lo aceptable pasa por la ordenación al bien común, y por entender éste como algo al servicio de las personas, en vez de entenderlo como el bien de una colectividad abstracta –y en este caso parcial- sin referencia al individuo, una encarnación ideal –por no decir idealista- de un pueblo constituido en ara donde se acaba sacrificando todo para alimentarla.

Se llega por este camino a identificar lo que para un cristiano constituye el principal antídoto contra el veneno de cualquier tipo de exaltación colectiva absolutista, de cualquier emocionalismo desmesurado, de cualquier justificación de un orden social injusto. Consiste en que no cree en utopías. No existe espacio, en la fe católica, para el fetiche de un paraíso en este mundo, sea comunista, sea nacionalista o sea del tipo que sea. La sociedad perfecta no se puede conseguir en este mundo: tiene que esperar a la vida eterna. Por eso la principal ciudadanía a la que aspira el cristiano es la celeste, y su patria definitiva está en el más allá. Por supuesto, esto no significa que renuncie a aspirar a una sociedad más justa y contribuya a ello. Sí que significa, en cambio, que al no poder conseguirse una sociedad terrena perfecta o ideal, no puede poder tomarla como un fin último ni como un absoluto. Si lo hace, ese paraíso terrenal sustituirá al cielo, y su consecución requerirá una fe y una esperanza incondicionales, logradas sólo a costa de la fe y esperanza teologales. Y la caridad queda sustituida por la dedicación sin reservas a la causa terrena. En resumidas cuentas, si se coloca a la nación como un absoluto, ocupa el lugar de Dios. Ya se vio que sucedía en el comunismo, convertido en una pseudo-religión, y ocurre también con el nacionalismo extremista. De hecho, este tipo de nacionalismo ha sido el refugio de muchos comunistas tras la caída del telón de acero en Europa oriental y el desplome de su ideología.

Con el nacionalismo, como con otras posturas, hay que tener siempre presentes los principios fundamentales para, llegado el caso, mirarse en ellos y saber dónde se está. Así se evita perderse en una maraña de matices políticos, y que un clima político más o menos exaltado y más o menos enfrentado con otras posturas acabe siendo un campo de arenas movedizas por el que uno puede hundirse, perdiendo de vista poco a poco lo que lleva consigo la fe cristiana en todos los ámbitos, incluido el de la política.

4.- En la gracia de nuestro señor espero respuestas sensatas producto de su investigacion y estudio, no de las lecturas de su fundador; considero que ud es una persona racional, dotada de inteligencia, y no una persona que pertenece a una secta, donde el lider habla por labios de sus adeptos, creo y espero que ese no sea su caso, ya que para exponer una doctrina una debe conocer todos los matices y asi poder defender lo que uno cree.

Con sincero Aprecio Cristiano

10 Marzo 2007 | 01:01

solascriptura777

solascriptura777 dijo

REFUTADANDO LA PRETENCION SINCRETISTA DE POLITICA Y CRISTIANISMO, PROPUGNADO POR LOS “NACIONAL CRISTIANOS” CON RICARDO DE SPIRITO A LA CABEZA

Ser cristiano no es fácil, sobre todo en una sociedad que exalta el placer antes que los valores morales. Quien profese fe en Jesús el Señor siempre estará expuesto a la mirada inquisidora de quienes le rodean. Si a esta actitud fisgona de quienes están alrededor, sumamos la directa participación de creyentes en política, obtenemos un cóctel sumamente peligroso. Los incrédulos encontrarán argumentos suficientes para desacreditarnos y poner en tela de juicio el Evangelio, algo que parecen obviar los NACIONAL CRISTIANOS con Ricardo de Spirito a la cabeza.Cuando vamos a las Escrituras encontramos un pasaje sumamente interesante y a la vez revelador sobre el tema.

El texto se encuentra en el Evangelio de Mateo capítulo 22 versículos del 15 al 21.Leemos: “Entonces salieron los fariseos y tramaron cómo tenderle a Jesús una trampa con sus mismas palabras. Enviaron algunos de sus discípulos junto con los herodianos, los cuales le dijeron: Maestro, sabemos que eres un hombre íntegro y que enseñas el camino de Dios de acuerdo con la verdad. No te dejas influir por nadie porque no te fijas en las apariencias. Danos tu opinión: ¿Está permitido pagar impuestos al César o no?” (versículos 15-17. Nueva Versión Internacional).

Las líneas revelan una situación común también en nuestro tiempo. Quienes no creen en Jesús se unen en causa común: perseguir a los fieles.Recuerde que los Fariseos eran una facción del judaísmo abiertamente contraria a la ocupación de Roma sobre territorio palestino. Los Herodianos, por su parte, eran un partido POLÍTICO judío a favor de la continuidad de la dinastía de Herodes el Grande y en esa época específica, apoyaban a Herodes Antipaz. No obstante lo anterior, a pesar de sus concepciones diametralmente opuestas, se unieron para atacar al Maestro.

La búsqueda de un motivo para acusarle iba acompañada de la adulación. De ahí que resaltan las características de Jesús: su integridad, que enseñaba el camino de Dios bajo el fundamento de la verdad, y por último, que no juzgaba por apariencias.

Sin duda en su vida ocurre igual. Hay quienes están próximos y buscan el más mínimo motivo para acusarle o al menos, poner en tela de juicio su profesión de fe. No hay que permitir que las críticas, las burlas y los señalamientos afecten nuestro caminar con Jesucristo. Por el contrario, hay que afirmarse a Dios en oración, y seguir adelante. El propio Hijo de Dios no le temía a las artimañas que tenían en su contra: “Conociendo sus malas intenciones, Jesús replicó: ¡Hipócritas! ¿Por qué me tienden trampas?” (Versículo 18. Nueva Versión Internacional).

Por supuesto, no estamos llamados a confrontar a todos cuantos nos convierten en blanco de sus burlas o de comentarios malintencionados, pero cuando debemos dar fe de nuestras convicciones, hay que hacerlo con firmeza, puesta la mirada en Cristo.

EL CRISTIANO FRENTE A LA POLÍTICA

Vamos ahora al centro del asunto. La política y de qué manera debe responder el cristiano.El Señor Jesús dejó claro que son muy distintas las relaciones políticas y el ejercicio de nuestra fe en Dios. No está bien mezclar unas y otra.

1.- El Maestro los conminó: “Muéstrenme la moneda para el impuesto. Y se la enseñaron. ¿De quién es esta imagen y esta inscripción? les preguntó. Del César respondieron. Entonces denle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.” (Mateo 22: 19- 21. Nueva Versión Internacional).

Este pasaje los desestiman y pretenden desconocerlo decenas de hombres y mujeres que, o siendo cristianos dedicados a la su tarea cristiana, o, estando al frente del pastorado o de una posición relevante, se lanzan tras la búsqueda de una posición significativa, acudiendo al ejercicio político para tal fin, como es el caso del estimado Ricardo de Spirito, quien dice ser cristiano, pero ello solo es nominal, ya que en esencia él es un político de los muchos que abundan, que no duda en usar sus “conocimientos bíblicos” para usarlos a su favor y así justificar su posición sincretista.

Es un texto el del evangelio de Mateo con una alta carga política porque recuerde, los tributos que se cobraban a los judíos iban con destino a las arcas del César y con ellos se financiaban, de un lado los templos paganos, y de otro, la vida decadente de la aristocracia romana.A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.

O SOMOS CRISTIANOS O SOMOS POLITICOS

Quien pretende ser político, por ética y con honestidad, debería renunciar a su cargo eclesial. Pero, ¿sabían que nadie lo hace? Su propósito es ser políticos, muchas veces a costa del sufragio de la feligresía, y seguir ejerciendo el ministerio; como lo fue el caso del “pastor” Humberto Lay, aquí en el perú.

O somos políticos o somos cristianos y ministros de Cristo. Es menester decidirnos. Pero no mezclar las dos cosas. Es contraproducente y sin duda, no honra a Dios.Los cristianos nos sujetamos a las autoridades y sin duda podemos participar en los procesos electorales ejerciendo nuestro derecho al voto, pero es abiertamente anti cristiano que hayan cristianos y sobre todo líderes que sigan ejerciendo el ministerio mientras hacen política, y de manera deliberada coaccionan a los creyentes para que los apoyen votando.

2.- Juan 18:36 Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí.

Estimados “nacional cristianos”, En este verso Cristo ofrece al cristiano el resumen de su naturaleza y constitución de su reino; “Mi reino no es de este mundo”, es decir , no surge en virtud de un poder mundano, al cual ustedes los NC aspiran, caso de su líder Ricardo de Spirito, ni es mundana su naturaleza, es de decir de origen político, es, mas bien un reino primordialmente ESPIRITUAL, cuyas armas son ESPIRITUALES, de ninguna manera políticas, por mas buenas intenciones que se tengan; ya que el primer objetivo del Cristiano es orientar y gobernar la conciencia y el corazón de los hombres, cuya defensa no estriba en poderes POLÍTICOS, MILITARES O FINANCIEROS, eso es algo que ustedes los autoproclamados “nacional cristianos” o no lo entienden o no quieren entenderlo. Los súbditos de este reino de Cristo, aunque están en el mundo, NO SON DEL MUNDO. Los últimos objetivos de este reino de Cristo son: la implantación de la verdad, la justicia y la paz. Las normas de este reino de Cristo NO SE BASAN EN LA SABIDURÍA DE LOS EXPERTOS EN POLÍTICA, CIENCIA O ECONONOMÍA, sino en las normas rectas y justas de la Santa LEY DE DIOS.

Ahora bien luego Cristo en este pasaje bíblico le ofrece a Pilato una prueba evidente de la naturaleza ESPIRITUAL de su reino: “Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos”. Los seguidores de Cristo, mi estimado Ricardo de Spirito; no tenían ánimo, preparación ni instrucciones para luchar ni militar ni políticamente, no pensaban en levantarse en armas para rescatar al maestro, ni mucho menos establecer contactos o alianzas políticas con los judíos haciendo concesiones de dicha índole, algo que usted mi estimado Ricardo de Spirito, parece obviar. Él mismo, nuestro Señor Jesucristo, no sólo no les había ordenado luchar, o entrar en los vericuetos políticos para liberarlo, sino más aún les había prohibido terminantemente hacer uso de la fuerza a su favor, tal como esta documentado en el verso 11 del capítulo 18 del evangelio de Juan, Así que Cristo viene a decirle a Pilato, “Ya ves mi reino no es de aquí. Está en el mundo, pero no es del mundo”.

CONCLUSIÓN

Pretender realizar un sincretismo entre lo Cristiano y la política es un absurdo y no hay sustento bíblico serio para su fomento, el que usted Ricardo de Spirito lo haga es sólo un acto humano, para sus propios fines, nunca aprobado por el canon sagrado la Santa Biblia, no dudo que tenga buenas intenciones, pero sólo son eso, buenas intenciones, la palabra de Dios esta ahí, no para usarla con un fin político personal, sino para sujetarse a ella, algo que usted, con esa pretensión sincretista no lo hace, es decir usted no se sujeta un estricto “Así dice Dios” o, a un claro y sencillo ¡A la ley y al testimonio! Si no hablan conforme a esta palabra, es porque no hay para ellos amanecer. (Isaías 8:20)

Suyo en la gracia de nuestro Señor Jesucristo

Sola_scriptura

7 Febrero 2009 | 01:09

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